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La  Tarde Histórica de Maracaná

(Fuente: Carve850.com.uy)

Duilio De Feo

 

 

  César L. Gallardo

Carve nació en Octubre de 1928, cuando los ecos de las triunfales trompetas de Amsterdam se prolongaban tras la conquista olímpica. Quizás haya sido un inadvertido anuncio de la importancia que, en adelante, debía conceder  al deporte y, fundamentalmente, al fútbol. En sus micrófonos se registrarían, después, la repercusión del título de primer campeón mundial para el "maillot" celeste en 1930, y la consagración de 1935 en Santa Beatriz, en que ante el asombro del público peruano el seleccionado del Mariscal Nasazzi, Lorenzo Fernández y el "Manco" Castro borró en la final al gran favorito, venciendo a Argentina por un contundente 3 a 0. Pero pocos meses más tarde surgió La Voz del Aire y la Dirección de SADREP resolvió que la onda de la 24 se volcara totalmente a la difusión deportiva. Naturalmente,  siempre había que esperar una excepción: y ésta ocurrió en 1950, al reanudarse en Brasil la disputa de la copa Jules Rimet, que quedara suspendida luego de 1938 como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Carve hizo oídos sordos al irónico comentario popular, que aconsejaba al once compatriota jugar por el segundo puesto, porque Brasil había organizado todo para quedarse con el primero.

En nuestra casa existía, pese a todo un moderado optimismo.  ¿Podía descartarse así, de entrada, tajantemente, a un equipo en el que militarían Máspoli, Tejera, Gambetta, Obdulio Varela, Ghiggia, Julio Pérez, Miguez, Schiaffino? ... ¿Sería tan fácil anularlos, primero, para pasarles por encima después? ...

En ambientes donde jamás cundió el pesimismo, esa agoreria no tenia razón de ser. Y Carve se dispuso a reforzar la audiencia natural de La Voz del Aire, con el alcance de su potencia capaz de cubrir todo el territorio nacional, porque... valla a saberse si el resultado final de la competencia no se festejaría en todo el país. Duilio De Feo para el relato, y el Dr. Cesar L. Gallardo en el comentario, conformaba el binomio con que Carve enfrentaba  la gran cruzada. Una amplísima victoria por 8 a 0 frente a Bolivia, que por entonces significaba poco o nada en el concierto sudamericano, muchísimo menos en el Mundial: un empate angustioso con España, resuelto por una corazonada del "Negro Jefe" que, como alguien dijo premonitoriamente " pateo en San Pablo  pero el gol se oyó en Río"; un triunfo agónico ante una Suecia que nos ganaba 2 a 1 hasta que Miguez sacó dos conejos de su galera de mago para terminar venciendo por 3 a 2 . Ese fue el proceso que nos guió hasta el maravilloso Estadio de Maracaná, la tarde del 16 de julio de 1950. Brasil había acumulado 13 goles - dos solamente en contra - con los mismos rivales que tuvieron a los saltos a los celestes, que totalizaron cinco conquistas  y vieron caer su ciudadela en cuatro ocasiones. Si se cumplía la lógica, el local debía ganar con la fusta bajo el brazo y por todo el derecho. 220.000 personas aguardaban ese resultado en las tribunas, y afuera preparaban el festejo 50 millones de brasileños. Con el empate se clasificaba Brasil: por eso, al terminar el primer tiempo 0 a 0, el optimismo de la "torcida" aumento. En el intervalo, con el ceño fruncido por la duda, nos dispusimos a escuchar el comentario de Gallardo. Elogio a nuestra selección por su disciplina táctica; por su pasmosa serenidad ante la muchedumbre delirante; porque había descubierto grietas en la zona defensiva del "scrath", que podían ser bien aprovechadas por las piruetas de Julio Pérez y la velocidad de Ghiggia; y porque - esto era esencial - Uruguay le había quitado revoluciones al adversario, privándolo del placer de gritar los goles con que solía arrasar al rival ya en la primera mitad de los partidos. Gallardo termino expresando que... "si todos esos atributos se mantienen, Uruguay está en condiciones de lograr lo mejor".

Se reinicio el match, y a los dos minutos de iniciarse la etapa final Brasil se puso en ganancia. Friaca demolió el análisis de Gallardo. Duilio siguió transmitiendo sin perder la ilusión. 17 minutos después gritaba el gol de Schiaffino para equilibrar el tanteador: y un cuarto de hora más adelante puso su corazón en subasta para aclamar la generalidad de Ghiggia. Uruguay se ponía 2 a 1... y empezaba a ganar el Mundial. Al sonar el silbato final, el ..."URUGUAY PARA TODO EL MUNDO" se repitió mil veces en la voz del relator, quebrada por la emoción y el llanto. Los 220.000 incrédulos, se negaban a abandonar las instalaciones, Ni siquiera la evidencia de unos pocos uruguayos festejando podía convencerlos. Cuando retomando el aliento Gallardo inicio su comentario final, el micrófono de Carve recibía sus palabras para transformarlas en un legado histórico: "Como decíamos al terminar el primer tiempo" ........ Algo semejante a lo que se le atribuye a Fray Luís De León; "Decíamos ayer" ... La tarde histórica de Maracaná fue, también, un capitulo imborrable de la crónica carvense.

Consolido definitivamente el prestigio de que gozaba Duilio De Feo por la agilidad, precisión y veracidad de sus relatos: y así mismo, confirmo los antecedentes del Dr. Cesar L. Gallardo como comentarista que ofrecía todas las garantías de idoneidad y autoridad, expuestas en criticas publicadas en distintos diarios de la capital, el que jamás ocultaba su admiración por aquel combinado uruguayo de 1912, al que consideraba la máxima expresión de la perfección futbolística.

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