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Obdulio Varela: El Símbolo de una
Gran Epoca
(Fuente:
El País Digital)
Uruguayos campeones de América y el Mundo.../ Esforzados atletas,
que acaban de triunfar.../
Sino la primera, fue una de las primeras veces que en un sepelio, y
en medio de la triste solemnidad que reina habitualmente en los
cementerios, el redoblante de una murga y un clarín de los que
"dieron las dianas de Colombes", según reza la letra de esa canción
popular que es un verdadero himno a las más ricas y viejas glorias
del fútbol uruguayo, musicalizaron respetuosamente el último adiós a
un jugador: Obdulio Jacinto Varela.
Fue el 2 de agosto de 1996. En el Cementerio de La Teja. El aplauso,
dolido, estremecedor, sostenido, se perpetuó varios minutos en aquel
mediodía soleado pero gélido. El "Negro Jefe" lo merecía. Se lo
había ganado. Según quienes lo conocieron, unos más de cerca, otros
más de lejos, pero todos, a través de su forma de ser, espontánea,
directa y -aún en el escenario de su severidad, sincera- sin
proponérselo.
Titular de la selección durante 15 años, entre 1939 y 1954, capitán
de Wanderers entre 1941 y 1943, de Peñarol de 1944 a 1954, y del
representativo celeste entre 1945 y 1954, fue campeón del mundo en
1950, campeón sudamericano en 1942, 6 veces campeón uruguayo y,
cuando se retiró en 1955, lo hizo sin haber perdido ni un sólo
partido en los dos mundiales (1950 y 1954) que jugó.
Obdulio, fue -al fin de cuentas- el espejo de una época. Ganadora.
Orgullosa. Irrepetible. Porque al tiempo aparecieron los "5" de
fuerza. Y él era un "centrojás" que pasaba bien, tenía buen manejo,
metía remates tremendos como el del gol a España en el Mundial del
50. La verdadera potencia la llevaba adentro. Por eso entró en la
eternidad de esa manera. Unica. Con un redoblante y un clarín
cortando el silencio solemne del cementerio: Obdulio -así, a secas-
había entrado definitivamente a ser leyenda.
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