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Máspoli: La Hazaña de ser Querido por Todos

El arquero que "nació" en el Maracanazo, tuvo el tributo a su grandeza como ser humano

(Fuente: El País Digital)


El adiós a Roque Gastón Máspoli en el Panteón de los Olímpicos tuvo un alto contenido emotivo, de fina sensibilidad.

El efecto de su imagen como uno de los héroes del "Maracanazo" de 1950 y sus casi noventa títulos como jugador y entrenador, obviamente, adquirió un espacio importante en la despedida.

Empero, el motivo conductor en el tributo, fue la grandeza humana de Máspoli. Esa que acrecentó en vida en grado superlativo.

Se le hizo reverencias a ochenta y seis años de existencia transcurridos con plenitud. Al hombre con elevado sentido del humor, del respeto y la amistad. También de la solidaridad, que prestó tanto al más encumbrado como al más humilde y en forma anónima.

Su desaparición física depara a todos en el ambiente, sentimientos encontrados. La satisfacción de haber contado, conocido y disfrutado a un ser de tamaña altura y el dolor por su partida. El temor a que esa congoja sea díficil de superar.

Tal fue su dimensión que no tuvieron cabida las enseñas. Se palpó —por la conducta— que el sentimiento de la multitud que se congregó en el sitio, fue de angustia y veneración de compañeros, discípulos y ocasionales adversarios, sensaciones también generadas por el costado humano de Don Roque, a quien unanimemente calificaron como "un campeón de la vida".

Fue creciente el desconsuelo en el momento previo a la sepultura.

Visiblemente afectado, Fernando Morena dijo que: "Sencillamente fue un gran campeón, un gran entrenador, pero por encima de todo, un gran amigo".

Con la voz quebrada por el llanto, Juan Ricardo Faccio conmovió con sus palabras: "Estamos perdiendo. De niño estuve en los brazos de una de las personas más lindas que puede encontrar a lo largo de mi vida. Por eso señores, conjuguemos el verbo reconocer, que es el primero y supremo de la conciencia".

José Carlos Domínguez, secretario de Peñarol señaló que: "Fue maravilloso en todos los aspectos. Luego de ser campeón con Peñarol y con la casaquilla celeste, color cielo, fue entrenador. Comenzó con Obdulio Varela y después siguió su carrera. Nadie dio tantas vueltas olímpicas como Roque Gastón Máspoli"

Eugenio Figueredo, presidente de la AUF, cerró la oratoria: "Roque fue jugador, entrenador y dirigente. Pero por sobre todas las cosas, lo recordamos como ser humano. Roque terminó su carrera como futbolista y siguió entre toda la gente de este deporte actualizándose, siendo generoso, una persona de permanente consulta".

PRESENCIA

Destacadas personalidades se hicieron presentes en el sepelio. Omar Míguez, Alcides Egardo Ghiggia, Fernando Alvez, Alberto Spencer, Fernando Morena, Juan Ricardo Faccio, Eugenio Figueredo, Pablo Forlán, Gregorio Pérez, Walter Corbo, Oscar Magurno, Hernán Navascués, Dogomar Martínez, Juan Carlos "Cacho" Blanco, Wilmar Cabrera, Gualberto Díaz, Osvaldo Giménez y Raúl Möller, entre otros.

CARTAS

Varios de sus amigos comentaron sonriendo que Máspoli era tan caballero, que cuando jugaba al truco y ganaba, pedía perdón y todavía ponía una carta superior.

IMBORRABLE

"La tristeza de no tener más a Roque es grande. Conocí a un ser humano excepcional. Cada cosa que hacía dejaba enseñanzas. Su presencia será imborrable el resto de mi vida". (Fernando Alvez).

Una anécdota del ciudadano Roque Máspoli

Opinion | Luis Hierro Lopez

Wilson Ferreira Aldunate me contó una anécdota sobre un hecho poco divulgado, dado que uno de los protagonistas mantuvo discreción sobre el asunto, confirmándolo apenas y sin alardes cuando le pregunté por lo que el caudillo blanco me había relatado.

Creo que ahora es de justicia refrescar esa crónica.

Cuando Wilson tuvo que salir, a las apuradas, de Buenos Aires, pasó sus primeras horas en Lima, desde dónde organizó su exilio en medio de la incertidumbre y las tensiones para cuidar la vida y organizar los medios de subsistencia.

Wilson estaba en su hotel, sin saber todavía cuál sería la reacción definitiva de las autoridades peruanas, cuando le informaron que en el hall había un uruguayo que quería saludarlo. Entre la duda y la prevención y más bien sospechando que podía ser algún indeseado emisario, Wilson se encontró con Roque Gastón Máspoli, quien estaba en Lima por obligaciones profesionales. Por más que el caudillo blanco había sido dirigente de Nacional, no había tenido oportunidad de tratar de cerca a Máspoli, peñarolense y, además, colorado. Con todo —me narró Wilson— sintió un enorme alivio ante aquella sonrisa franca y mano tendida.

Sin mediar mucha introducción, Máspoli le dio a Wilson U$S 5.000, diciéndole algo así como "Usted va a necesitarlos". No midió ningún riesgo, ni pidió ninguna constancia sobre aquella suma —que luego fue debidamente reintegrada— ni se quedó hablando más de la cuenta, ni hizo posteriormente caudal de la situación.

En un solo gesto don Roque personificó toda su estatura.

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